Friday, October 27, 2006
La primera traición de mamá.
¿Quién de ustedes no tuvo de niñ@ un peluchito, una cobijita, una mantilla, un trozo de tela, un chupón... alguna mierdita sin la cual no podía conciliar el sueño por las noches? Alguna porquería tierrosa, o llena de mocos, o de moho y baba seca, que daba asco y olía a diablos, pero era su mejor amig@, su cosita más linda, su juguetito consentido... Luego de un par de años de arrastrar por el mundo aquella almohadilla pringosa, rellena de trapitos viejos, cubierta de manchitas de humedad, ya no que quería una que alguien se la quitara de las manos. Ni en broma; ni para lavarla. Mucho menos para lavarla.
Mi amiga Kika tenía tres años cuando su mamá empezó a cantar la canción de que la cobijita había que lavarla porque estaba llena de caca. De hecho, todos en casa habían dado en llamar "caca-mierda" a la pobre cobijita de Kika. Cada vez que Kika escuchaba las amenazas de su mamá, corría llorando a esconderse bajo la cama con "caca-mierda" apretada contra su cuerpo. Amenazas iban, amenazas venían, con hermanitos hijueputas que le escondían a "caca-mierda" y le decían que su mamá la había tirado al carro de la basura. Kika dale que dale llorando, hasta que esa misma mamá malvada obligaba a los hermanitos a devolver la cobijilla tiesa y hedionda.
En esto se pasó un año más y Kika comenzó el maternal. Como a su mamá le daba vergüenza que Kika llevara a "caca-mierda" a la escuela, hicieron el trato de que Kika dejaría la cobijilla en la casa y mamá se comprometió a no tocarla ni con agua, ni con jabón, ni con las manos siquiera. Por supuesto que esto no iba a traer buenos resultados de ninguna manera: mamá, en su obsesión limpística, era tentada por "caca-mierda" cada vez que entraba a la habitación de Kika a recoger, barrer, sacudir... Incluso empezó a entrar sin motivo alguno a la habitación cuando Kika no estaba, y más de una vez se sorprendió ella misma inclinada sobre la cama de la chiquilla, con los ojos vidriosos y las manos mal educadas a punto de alcanzar a "caca-mierda" para ponerla en la lavadora. Y como aquello no podía acabar bien, ahí estaba mamá una tarde de verano, sentada en el patio, pensando mientras se comía una guayaba: "que no le va a pasar nada a esa cobijita de mierda si la lavo un poco, solo un poco para quitarle la porquería, igual Kikita se me va a llenar de parásitos si duerme todas las noches agarrada a esa inmundicia, que por lavar esa cobijita de mierda no le voy a arrancar un pedazo ni a Kika ni a ella..." Y así fue. Mamá corrió a la habitación de Kika, agarró por la puntita -con mucho asco- a "caca-mierda", la llevó al cuarto de pilas, la tiró en una tina de agua hirviendo, la dejó remojar por una hora, la sacó del agua y la tiró en la lavadora con cuatro cucharadas de detergente, dos de cloro y una tapita de suavizante para ropa. Y allí "caca-mierda" dio vueltas y vueltas por horas y horas hasta que a mamá ya no le dio asco tocarla, y la tomó, y se la acercó a la nariz, y olió que estaba limpia, y vio que estaba bien, y la llevó al patio y la colgó del alambre.
Y Kika llegó sonriente del maternal a buscar a "caca-mierda" para irse a jugar. Pero "caca-mierda" no estaba en el lugar de siempre, ni sus hermanos la habían escondido, y cuando su mamá se la dio limpia, perfumadita a lavanda, suavecita, sin aquel tufillo tan suyo que era la felicidad, la chiquilla miró a mamá sabiendo que nunca más podría confiar en ella, tiró a ex "caca-mierda" al cubo de la basura y se fue llorando a la habitación a practicar chuparse el dedo sin tocar la puntita de su cobija tiesa.
El día que Kika me contó esta historia dejé de preguntarme porqué su alter ego era un hombre...
 
DeSaFoRaDo PoR furia at 1:33 PM | Permalink |