Wednesday, January 31, 2007
esdrújulo

“Relámpago, etílico, orgásmico, múltiple, cínico, árabe, clínica, aséptico, cíclico, lúdico, sísmico... ” esdrújulo el viento que me besa el pelo cuando corro en tarde tibia. La tierra colorada arde bajo los rayos del sol.

No conozco el dolor. Tengo las rodillas sucias, las sandalitas de cuero empolvadas. Canto y canto y recito sin parar listas largas de palabras agudas, graves, esdrújulas. “El español es un idioma grave”, y me río: el Español es un señor con bigote tieso, cuello duro, puños cerrados, que suda bajo el sol infernal de verano. Grave, grave, grave, como el olor de las toronjas, grave y amargo. Y las palabras esdrújulas son las que más me gustan, porque todas llevan tilde, porque todas son largas y secas igual que yo.

Dolor que no conozco y se limita a un chollón en la rodilla: dolor ácido como el jugo de limón. Dolor que no conozco y se limita a una indigestión: dolor amargo como un golpe seco en la boca del estómago, amargo como el zumo de toronja, tibio y que reseca la boca. Y los otros dolores, los de adentro, esos es cuestión de dejarlos pasar: me acuesto a dormir y al día siguiente ya no duele no ser la mejor de la clase, o la favorita del abuelo, o la más rápida en la carrera.

Todo es más bien felicidad. Mucha y con olor a macadamia. No tengo móvil ni me siento como tontita a mirarlo esperando una llamada que no y que no y que nada. No: yo no pienso en otra persona que no sea yo. No pienso en otra felicidad que no sea la mía. No pienso en otra alegría que no se la que me toca a mí.

Y de feliz a feliz lo tengo todo en las manos, y me convierto en diosa, y lo puedo todo y nada está nunca mal. Me recuesto bajo el nancite a mirar las nubes y contar los osos, los perros, las sonrisas. Me recuesto bajo el limonero a mirar a las hormigas andando con sus cargas pesadas sobre la espalda, y juego a ponerles otros pedacitos de hojas sobre los que llevan, y las miro quieta, cómo siguen avanzando con la carga a cuestas y sin parar.

Saco de la tierra los camotes para dárselos a mamá. Recojo los rollitos de culantro, los elotes tiernos del fondo del patio. Y en las tarde de lluvia me siento a leer cuentos con un chocolate tibio y tortillas de queso.

Decididamente, crecer ha sido una mierda. Hoy en la tarde, mientras entablaba uno de mis recurrentes monólogos de mujer a la que solo le sonó el teléfono una vez en todo el día y por cosas de trabajo... me dije que necesito un sicólogo. Ya no me dan ganas de sentarme en el patio a secarme con las semillas de girasol, ni de correr cuesta abajo pegando el grito al cielo: ahora me encierro en mi casa, soy una chica proper, no lloro en la calle, no grito ni mucho menos corro, no, no, y no. Hace años que no grito, que no lloro desde el estómago desgarrándome la garganta. No puedo, tengo casi treinta años. Casi treinta. Ahora tengo que encerrarme en mi casa, cuando nadie me ve: y en donde nadie me ve emborracharme con carajillos de ron colorado, y llorar como mensa por todos los hombres de mi vida que se han ido llevando a los pocos un montón de cosas que eran mías y les regalé... Y ya no está mamá para consolar los golpes, que de todas formas ahora son diferentes, y no tienen remedio, ni se quitan con un caramelo, un abrazo o un cuento.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 7:47 AM | Permalink |
Monday, January 29, 2007
TelaRañaS IV. Notas duermen sin tocar las cuerdas
No habría palabras para explicar la sensación de fiebre que recorre los muslos de Fausto cuando ve a Soledad pasar. Ya no queda nada más que nada.
Fausto se retuerce de enojo: Soledad, literalmente "pasa": él la dejó pasar.
A ella le hizo gracia - durante unos cuantos meses- pensar que Fausto se levantaba de la silla y corría directo a la pared con su rostro de frente hasta chocar repetidas veces mientras todo se le ponía gris y la vista se le iba nublando en chorritos de 0 y 1 y se repetía amablemente debe pensar que es un estúpido cabrón... Y en efecto: Fausto no paraba de pensar que era un estúpido cabrón. Porque después de casi 23 martes de no darle un beso, ahora cada vez que Soledad pasa él se revuelca en
0 y 1 y si ella estuviera un poquito más guapa, Fausto se lanza al río. Si ella fuera un poquito más amable, Fausto se deja caer en la línea del tren. Si ella fuera un poquito más simpática, Fausto se toma una sobredosis de anfetas... Si ella no pasara mirando para otro lado: justito como si él no estuviera...
Soledad, que camina entre peces todo el día tan solo para no llorar; Soledad, en cambio, no hace ningún esfuerzo por recordar a Fausto. Ni por ignorarlo: tal vez él nunca ha conseguido entender esa capacidad ambarina de las mujeres de aire, que pueden borrar del Disco Duro cualquier acontecimiento catalogado dentro del ámbito must be user error... Soledad, que ha sido víctima de innumerables caídas de sistemas operativos inservibles, hace rato que se pasó a la distribución libre: llama cuando ella quiere a un tal Luis que siempre dice sí cuando es sí; no cuando es no, y sigue a la perfección cualquier comando: no se queda a dormir. No dice palabras prohibidas por el administrador. No jode la vida...

En fin... que para Sole no ha pasado de ser un tremendísimo volcón en el ETA (Estimated Time Of Arrival) de los dos. Porque a fin de cuentas, hay días - se repite con mucha abulia- hay días que las defensas están muy bajas y casi cualquier virulento virus podría hacer estragos con el cuerpo o con la mente. O con ambos.
Saca una pastillita de canela. Se la pone con cuidado en la lengua. Siente un ardorcillo agradable sobre la piel. Se sonrie solita. Toma con carilla de mala su botella de cerveza mientras se repite aquí no ha pasado nada y procede a darse el gusto entre los gustos: sentir las burbujas de la malta rubia hacer cosquillas en su boca mientras la pastillita se deshace en espumante escozor. Estoica. Estoica se aguanta la risa. Pero no puede más y estalla.
En la mesa que está al lado de la barra izquierda del primer bar subiendo la calle del Gráu, Fausto insiste en mirarla allí sola mientras se aguanta las ganas de salir disparado a recoger un poco de esa espuma que hace a Soledad reír a carcajada limpia. Pero se aguanta: le da miedo que al llegar ella lo mire de reojo, se ponga enseriadísima y le pregunte ¿vos, de qué vas, loco?... Entonces pide otra cerveza de esas que él bebe. Se la traga cor.cor.cor, sale huyendo despavorido y juega a estar enamorado del calor de otro cuerpo que nunca más será el de ella.
En esta última huída, Soledad siente una ráfaga de viento marino que le golpea el cuerpo, y de súbito la memoria genética se le activa en una noche de luna nueva en la que no debió pero fue, no debía pero hizo, no debería pero estaba, y en un santiamén se reinicia: toma otra pastillita de canela y se sumerge entera en la apasible calma de la insensibilidad.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:34 AM | Permalink |
Wednesday, January 24, 2007
CoSaS Que ODio. ToMa DoS
1. Los chicos que se pasean en tanga por la playa.
2. El olor a ruda.
3. Los pies sucios.
4. Las colas para tomar el autobús.
5. La gente que habla más de la cuenta.
6. La palabra "axila".
7. La luz fluorescente de los supermercados.
8. La publicidad escrita con mala sintáctica.
9. Paulo Coelho.
10. Los cristales manchados de grasa en los autobuses.
11. Los exámenes de diagnóstico.
12. Los calendarios de mujeres medio desnudas.
13. El sonido de un envoltorio de dulce en un lugar silencioso.
14. Las carreteras de lastre.
15. Los sanitarios públicos.
16. Los champiñones de lata.
17. Las cifras impronunciables.
18. Las muletillas.
19. Los errores ortográficos en el chat.
20. Los baratillos de mall.
21. Que se vaya la electricidad.
22. La gente que llega tarde.
23. El fútbol gringo.
24. La cerveza de mentira.
25. La margarina.
26. La CocaCola.
27. Los "Ladies Nights".
28. Las versiones argentinas de roots.
29. Los cines de los centros comerciales.
Y así hasta reducir la lista de cosas que me gustan a: comer rico, tener amig@s en l@s que pueda confiar, pasar una noche agradable con alguien agradable, leer, escuchar música, el silencio, el café, el blog de Dino, las sábanas recién lavadas y unos días en la playa.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 5:07 PM | Permalink |
Monday, January 22, 2007
la nuit qui a été?
Te tomo de la mano como si tuviese miedo. Son las once. El tiempo vuela. Dices que llamarás cuando llegues. Yo ya pasé por aquí antes. Pasé y era todo blanco y triste en el piso de un lavabo. No te creo que me llames. ¿Qué fue lo que dijiste el día que te vi por primera vez en esa arena blanca? Ah... creo que no recuerdo. Son la 11:15. No voy a llorar. No he llorado en todo el año, ¿ves? Te lo dije: que me hacía de piedra, que me hacía de piedra, que... El tiempo vuela. Te miro a los ojos y no lloro. No lloro y te miro y casi sin pestañear -para secar los ojos- te sigo mirando mientras me muero un poco porque sé que ya no. Que ya nunca.
11:30, ya sé que te vas, me lo has dicho desde el mismo instante en que te vi llegar. ¿Qué importa eso ahora? Es que... es que el tangliatelle me sabe tan bueno. Y va de tragos para hacer por olvidarte antes de que te vayas. Va de tragos para hacer por no quererte aunque eso sea tan obvio como que te quiero.
¿Ves? la luz de la vela baila en reflejos amarillos y rojos en-dentro-sobre el cristal de las copas. Aún tengo noches enteras para darte. Y atragantados quedan los besos que sobran. Los besos que no voy a darte. Pasan las horas.
Me hablas de todo, de cualquier cosa. Decimos palabras para construir una cortina de humo que rodee al vacío y nos muestre su forma. Decimos para no decir. Decimos para no llorar. Decimos para no sentir.
Sé que esta noche no duermo. Sé que me quedo contigo. Sé por dentro y en el fondo que cuando dices espérame connotas ven conmigo.
Llenamos el vacío de palabras necias para que al asomarnos a mirar hacia abajo podamos ver el fondo. En eso has crecido como crece un árbol: has aprendido a callarte la boca cuando es preciso, a no decir lo que no te nace, a no correr hacia cualquier parte como un chiquillo detrás de la pelota de colores que no es suya.
No, no voy. No voy ni me lo has pedido. Me quedan mis manos para pasar páginas. Me quedan mis ojos para escurrir lágrimas. Me queda tu ausencia que es apacible como el Océano Pacífico.
Tarde, muy tarde, mientras el autobús camino al trabajo, dime si... no me digas... dime que sí...
cállate la boca... quererme no cuesta... un millón de horas...
¿
De dónde viene esta noche tan honda? Había tirado "a los peces uno a uno tus recuerdos", sacaste todo del agua. Ha sido bueno.
¿Que si voy a extrañarte? ¡Coño, si ya te estoy extrañando, si te extrañaba desde antes!

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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:08 AM | Permalink |
Monday, January 15, 2007
Recetario
Que esté fresco el pescado. Hay que revisarlo. Con cuidado: esa veta roja que conectaba la espina dorsal no puede estar gris, ni pálida, ha de estar roja, oscura, amarronada.
Se necesita entonces el jugo de tres limones, un cuenco de madera, un cuchillo afilado, eneldo, albahaca fresca, ajo, pimienta en grano, cebollas, sal, mantequilla (Mantequilla, de verdad, nada de margarinas, ni de cremas, ni natas).
Estas cebollas - pequeñas, blancas, de piel delgada- se cortan. Se vale llorar en el intento. Se cortan en pequeños cubos que de pequeños apenas sí se les vea flotar en el canto de madera en el que está el jugo de los tres limones. ¿Me seguís?
Allí mismo, en el cuenco, se agrega el ajo, que de tan triturado ya inundó la cocina entera. La albahaca fresca va a dar al mismo cuenco. Pimienta en grano triturada en el mortero - sube lentamente y estornudas, mirando hacia otra parte, no vaya a ser que tu saliva caiga directo al cuenco y...
Directo al cuenco la pimienta, antes que su olor se pierda.
Una sartén al fuego, una gota de aceite - para no quemar la mezcla- cuando ya esté bien caliente, pones la mantequilla (mucha, sin remordimientos, la mantequilla es buena...) ¿Ya revolviste la mezcla y pusiste el pescado en el cuenco? Hace ya un buen rato que ese pescado debería estar marinando entre el limón y las hierbas.
Mientras tanto, del otro lado de la pared, alguien canta una canción de Morrisey. La canción golpea en la puerta, en la ventana, sale disparada hacia afuera, entra en la cocina por el techo, se retuerce entre los filetes que se cuecen en estruendo, y llega a los oídos sin ser vista. Sobre la mesa hay dos copas de vino blanco que sudan y reflejan la luz de la lámpara... No te perdás, seguíme: hay otro cuenco de madera en la mesa: lechuga romana, lolorosa, americana. Las tres juntas en orgía, las hojas frescas. Sobre la lechuga hay hojitas de hierbabuena, trozos de nuez, aceitunas negras, gajos de tomate, delgadas lonjas de parmesano... No te perdás. Al lado de este cuenco hay un bol de aderezo: aceite extravirgen, vinagre balsámico, ajo triturado, limón, pimienta negra, y en orgía de sazones la salsa de soya para salar.
Ese pescado que tenías al fuego... hay que darle la vuelta, siempre a fuego fuerte, que la salsa seque y se adhiera a los filetes. La canción de Morrisey se ha acabado, y desde la cocina responde Caetano: "Tudo era apenas uma brincadeira e foi crescendo, crescedo e me absorvendo, e de repente eu me vi assim, completamente seu"
El pescado ya está casi listo, meté la mano, probá, ¿falta sal, limón, algo? La comida buena tiene mucha mano, mucha prueba, sin miedo, sentílo, hay un vaho oloroso que sale despacio e invade el comedor, llama, la voz se cansa. Los pasos suaves que vienen de la habitación de al lado acercan un cuerpo que se mueve lento. Trae con sigo un aroma extraño, una mezcla de sudor, arándano, mar, naranja recién abierta. Esa mano que te toca el hombro es una mano amplia. Esa lengua húmeda que roza tu oreja es una lengua tibia. Escucha la voz que viene de esa boca; voz ronca, sumisa, rebelde, cantando diatribas, contando el número de los suspiros que salen de tu cuerpo mientras lentamente mezclas la crema de calabaza que sobre la llama va adquiriendo el color de una buena crema de calabaza: despacio se mueve, una gota de crema, una sola gota solo para darle ese color que te gusta, no escatimas en tiempo, se la mueve por horas, hasta que los cubos de queso se derritan y la crema sea crema, y esa voz que suavemente afirma "Día y noche te he buscado. Sin encontrar el sitio en donde cantas..." No te perdás, seguí moviendo, no vaya a ser que se queme el caldero en el que hierve la crema.
¿Te ves reflejada en la ventana, sonriendo? Tus ojos brillan, se cierran; un espasmo recorre tu vientre, las piernas te fallan. El vello se te eriza en todas partes, se dilatan las pupilas, y ahí mismo está la mejor de las especias, tu mano que gira y gira sosteniendo la cuchara dentro del caldero, no te perdás, seguíme: le preguntás si está buena. La prueba y te responde que es la mejor que has hecho.
La mesa está puesta, las copas de nuevo se llenan, hay revuelo de aromas, hay pan en el cesto. Hay media conversación pendiente sobre ese libro de Quevedo. ¿Hay acaso en el mundo algo mejor que una cena con luz de tres velas de vainilla, un traje liviano de organdí, los pies descalzos, un disco de Dizzy, y ese aroma extraño que se le desprende y te toca suavemente la nariz? El caramelo tibio derrite el helado de vainilla sobre las tazas de jugo de naranja. Huele a canela. No despistés, seguíme hasta la cama donde irremediablemente han de rodar los cuerpos al final de cada invocación a Diana.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 12:09 PM | Permalink |
Thursday, January 11, 2007
Ensayo sobre la histeria

Esta mañana desperté con otro porque no quería despertar con tu recuerdo. Había olvidado hace tiempo lo que se sentía atraer a varios hombres a la vez. Varios a la vez, como si fuera la púber que se entra sin permiso a un bar y es la carne fresca... Desperté con otro porque a tu recuerdo he de huirle a como dé lugar. Porque no te quiero –querer, que no es lo mismo- porque me atormenta la sola posibilidad de caer en tus garras. Porque eres un parásito que me secaría por dentro. Llevo mil furias a cuestas, mil furias bélicas, vengadoras, ecuestres... El chico con el que hablaba me miraba distante. Me miraba distante y se asombraba conmigo –histeria, parte I. Detrás de mí, otro chico me tocaba la espalda. Suavemente acercaba su piel a la mía, me rozaba lento, estaba entre dos hombres sedientos de mí. Manifiestamente de mí. Eso ahora, es tan importante... Tan importante que no debo olvidarlo, que no debo pensar que te lo debo a ti. Que no son tus ojos mirando mis piernas los que hacen a mis piernas un par de buenas piernas. Que puedo sentirme la chica más guapa del bar cuando me dé la real gana, y caminar entre la gente como si nada, ignorar a los tíos que me miran el pelo, la nariz, las manos, las nalgas. Ser la chica más guapa –histeria, parte II. De tenerte y no tenerte se me han llenado los ojos de lágrimas, de que vengas y no vengas, de que abraces o no abraces, de que llames o no llames... He caminado por la calle con mil flores en la mano, con un traje negro y un collar blanco, con el sexo descubierto bajo los pliegues de mi falda: todo porque no sé. Porque contigo no sé.

Esta mañana he despertado con otro hombre porque no quería despertar con tu ausencia sobre mis sábanas. Entre mis manos. Dentro de mi boca. He despertado con otro que ni se te parece, que ni se te acerca. Un chico al azar entre los muchos que vi. He despertado abrazada a un hombre con el que no pude dormir. Un hombre que no se fue aunque no le pedí que se quedara. Un hombre que se pasó la noche y la madrugada recordándome que cuando por fin abriera los ojos por la mañana, no iba a encontrarme de frente con tu ausencia que siempre se ha sentido tanto en esta cama.

Y bellamente, puramente, largamente esta mañana, has llamado para decir que cuando llegaste anoche sin hacer ruido para no despertarme, decidiste que mejor te ibas al hostal, porque yo estaba con otro. Y que no me quieres ver más.

No voy a pedirte perdón por nada. Tu presencia dos días seguidos en mi cama me da tanto miedo como tu ausencia a la noche siguiente de que te tuve entre mis brazos, entre mis manos, entre mis piernas. No voy a pedir perdón: cuando te di las llaves de la casa, te pedí explícitamente que no entraras sin avisar...

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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:53 AM | Permalink |
Monday, January 08, 2007
Telarañas III. La gota que cae y forma la ola que va y viene
Este es un amor de extraños desencuentros. Un amor que se dice amor en la cama, y solo ahí. Un amor que cuando se levanta ya no llora a gritos ni gime ni nada. Un amor que mastica y bebe de la mano cuando ya no aguanta. Un amor ni que sí ni que no...
Cuando La Fuente cumplió años, los llevó a un bar cutre. Aún no se lo reclaman. Pero aprovechan ahora. Porque ese día no pasó absolutamente nada más que ella caminando despacio por cualquier calle a cualquier hora para entrar a una casa en la que se le daba la bienvenida a un mae cualquiera que andaba de visita. Un mae al que ni siquiera vio. Y ese día se fue a casa medio densa, con ganas de bailar y sin chance de hacerlo, con ganas de que alguien le diera un beso, con ganas de fumar otro peta...
Sus cómplices de la noche se fueron juntos y ella ahí quedó. Y sucede que por cosas del destino, un par de días después se encontró en un bar con el bienvenido a quien no había conocido días atrás en su propia fiesta. El bienvenido era más bien alto, más bien delgado y más bien de piel clara, aunque daba la impresión de ser un torete, de ser un duro, de ser pesado, de ser marinero. A ella le encantan los marineros, porque saben llevar el barco por las más duras corrientes. Y así hablaron, y se conocieron y se reconocieron, porque ya se conocían ha años, desde los ojos de mil amigos en común. "Entonces esa sos vos... he oído mil de vos..." Y ella lo miraba y se alejaba un poquitito, como una ola. Lo miraba y después miraba alrededor. Y se encontraba con que era martes y hoy es martes y por aquí ya ha pasado que sea martes muchas veces antes y en martes ni te cases ni te embarques ni te muevas de la casa, que martes hay muchos y todos son tristes, y mientras pensaba que hace exactamente 32 martes ahí mismo había conocido la desazón y la alegría que es tristeza al mismo tiempo, decidía acercarse de nuevo, pero como las olas: un poquitito para arriba y un montón para abajo. Y de vuelta a empezar.
El hombre de allende los mares le plantó un beso húmedo y suave en la boca en uno de esos rápidos acercamientos. Y ella sintió que de golpe recuperaba todos los martes perdidos para siempre. Y cuando salieron juntos del bar para irse, recordó que la última vez que había salido para irse lo había hecho más sola que sola y más martes que nunca y hasta le dolió un poco la cabeza y todo. Él le ofreció llevarla a su casa y allá fueron y allá llegaron a allá no pasó nada muy digno de recordar ni memorable ni nada hasta que él la abrazó con una agilidad imposible para la aparente torpeza de su cuerpo y le dijo que hoy, y que ahorita mismo, la estaba queriendo mucho y que lo dejara abrazarla hasta el hastío y que si lo dejaba quedarse un rato más... Y ella solo pensó que ya no era martes y que qué más daba. Así que se durmió en los brazos de un hombre que la estaba queriendo muchísimo y ahí terminó de amanecer y él se fue. "Nos vemos ese día por el que nos hemos conocido" y ella siguió con su día de hoy y el día siguiente y el otro y su vida y tal.
Y en efecto pasaron los días, con martes y martes y ella sin pensar en él y él sin pensar en ella y hasta pensando en cosas mucho más interesantes los dos y así hasta que entre que pasaba un día y otro y otro, llegó el irremediable día en el que se iban a ver otra vez. Él había intentado no pensar en nada. Ella se las había ingeniado para que su hermano la acompañara a esa fiesta. Y se vieron de lejos no más entrar. Pero solo de lejos, sin acercamiento y sin nada y él la miraba de reojo y cuando ella le devolvía la mirada él miraba hacia otra parte y así fue pasando la noche entre whiskys y rones y los ojos de él que resbalaban lascivos por las piernas bronceadas de ella que era decididamente guapa y aparte hizo a todo el mundo llorar cantando boleros con voz de ángel, pero está con ese tipo que no le suelta la mano; y ella, más te vale que no me sueltes la mano en todo el rato, Benjamín, que este tipo está pensando que tú eres mi noviecito o algo así y qué divertido verlo a los lejos mientras se fuma un cigarro tras otro y bebe un trago tras otro y así hasta que Benjamín ya dijo que "me voy, Elena, que ya estoy borracho y a vos parece quedarte demasiada fiesta..."
Así que ella se quedó más o menos sola y él se acercó más o menos cauteloso y la saludo con un golpecito en el brazo, y la llamó "güevón" para derretir el hielo. Y bebieron un trago juntos y conversando y él le dijo que con vestido se veía muy guapa y ella le dijo que él también, jeje, no son varas, mae; y él le preguntó por su novio, "¿y tu novio para dónde se fue?" como quien no quiere la cosa, y ella le dijo que "mirá si sos idiota, Benjamín es mi hermano gemelo, animal" y él ahora que lo pienso sí, se parecen... jeje
Salieron juntos de la fiesta y se fueron a un bar. En el camino el la sorprendió de nuevo con esa inesperada agilidad pasándole la mano por la cintura y atrayéndola con suavidad para darle otro de esos besos húmedos como solo él sabe y acabaron la noche en un eterno retorno a la cama de ella y qué curioso, te conocí tres días después de llegar y nos volvemos a encontrar tres días antes de que me vaya. Jugaron a quererse un rato más y ella decidió no reírse cuando el dijo amor, y pretend to be happy otra vez y para siempre no te quites ese vestido tan lindo nunca, vení a verme con ese mismo vestido puesto, vení cuando querás, y por la mañana hablaron de sus mañas y ella le contó que no le gustaba follar después de despertarse, pero qué cojones, igual, porque te vas y no te vuelvo a ver nunca más... Y él le dijo que no, que la verdad se iban a ver mucho y que si ella quería... y ahí ella no quiso y le dijo que se callara y que no fuera tontín y además no tengo tiempo para pendejas esperanzas y vos tampoco, ¿o sí? Y ahí se miraron a los ojos y se mataron de la risa un rato más hasta que ya él tenía que irse y al bajar de la cama ya fueron otra vez dos desconocidos que no se quieren ni nada. En la puerta se dijeron adios sin mucho preámbulo y se prometieron escribir un correo de vez en cuando.
Otra vez ella volvió a su vida y él, que desde siempre se había ido, terminó de despedirse de su vida de aquí y de sus amigos de aquí y de su familia de aquí, para regresar al otro lado donde lo esperaban su vida de allá, sus amigos de allá y su familia de allá.
Los dedos que presionan las cuerdas producen los más lindos sonidos en las manos de Vicente Amigo. Ella escucha en silencio y bebe despacio de su copa de vino. Es martes otra vez
Martes otra vez. Y él está subiendo a un avión. Sin despedirse. Y nunca se van a extrañar ni un poco, pero cuando se encuentren él le dirá "qué, güevón" para romper el hielo.
 
DeSaFoRaDo PoR furia at 9:07 AM | Permalink |
Thursday, January 04, 2007
desaFURIAS
De vuelta al mundo. Se casa mi gran amiga mañana por la tarde. Miles de cuentos atrasados, mensajes de texto sin responder, botellas de vino vacías. Accidentes de tránsito. Carcajadas y olvido. Me cuesta volver a apropiarme del teclado. De mi casa. De mi barrio. En las últimas semanas descubrí la Rapsodia de Rachmaninoff sobre un tema de Paganini. Y una de las mejores canciones del mundo con Porrina de Badajoz al cante y las guitarras de Pepe de Badajoz y Melchor de Mairena:

"Haciendo por olvidarte
Yo creí que te adelantaría
Y haciendo por olvidarte
Cuando pasaron tres días
Como un loco fui a buscarte
Porque vivir sin ti no podía"
Ayer lo conversaba con una buena amiga: descubrí que mi lista de lecciones aprendidas del año es más larga de lo que pensaba.
Y dice...
1. El amor NO es suficiente.
2. Si tu ex marido ya EX, no le preguntas si realmente es eso lo que quiere. Es obvio que ex eso lo que quiere...
3. La histeria masculina latinoamericana es un hecho comprobado. (no words to say)
4. Si no sales de tu casa no vas a conocer a ningún tipo interesante (casero, vecino, plomero... ya hace tiempo que los conoces y bueno...)
5. Se vale equivocarse. y siempre. y para siempre.
6. Seducir con un buen escote no es ninguna bajeza.
7. (directamente relacionada con #3). El hecho de que te hagas exámenes de infectocontagiosas y demás peligros virales de transmisión sexual solo para follar con un chico sin condón, no implica confianza. De hecho, él te podría dejar alegando falta de confianza...
8. Dejémonos de pendejadas: los chicos con quienes flirteas odian a tu ex. Odian que sea tu compa, que vaya a tu casa... para ellos es imposible que no te sigas acostando con él.
9. El éxito se logra respondiendo una llamada de cada 5. Diciéndole que sí 1 de cada 10 veces y negándote a darle la mano o dormir en su casa. Si haces todo lo contrario se va (ver #3).
10. Mantener un low profile. Puedes follar con quien te dé la gana. Nadie se tiene que enterar, menos si no vale la pena.
11. Siempre hay que intentar irse con el más bueno.
12. De vez en cuando podrías irte con el malo...
13. No está mal follar con un amigo. Que eso pase no significa que te vas a enamorar de él. ¡Lo conoces desde hace 7 años y en todo ese tiempo no te has enamorado!
14. Le puedes dar una oportunidad al hombre equivocado.
15. Uno de tus mejores amigos tiene que ser microbiólogo de profesión.
16. Se vale cobrar deudas atrasadas.
17. La mejor manera de des sublimar a un hombre es averiguar por qué lo dejó su ex. Eso es casi como verlo desnudo pero con las medias puestas...
18. Bébete esa botella con tus compas y a tu salud.
19. Si no funcionó hace 6 años, no tiene por qué funcionar ahora.
20. Se vale salir con dos chicos diferentes en la misma semana.
21. Querer estar sola cuando te acercas a los 30 no te convierte en un fenómeno.
22. A veces todo lo que necesitas es el abrazo de un amigo.
Buenas tardes.
 
DeSaFoRaDo PoR furia at 11:03 AM | Permalink |