Wednesday, February 28, 2007
De las comidas perversaS
Recogí poco a poco todos los pedacitos de rencor que quedaron desparramados por el suelo. Me senté por la tarde en el patio de casa a comer higos y a coser retazos de rencor para hacer un vestido. El vestido quedó hermoso, lleno de los colores de todos los rencores, lo miré por todos lados, me lo puse y salí a la calle. Y nos vimos. Y pensaste que iba guapa. Y sonreiste. Y yo sonreí de vuelta porque los recortes de rencor con los que se cosió el vestido me los regalaste vos.
Nunca me gustó el dulce. Porque la venganza es amarga como un higo tierno del patio de casa. Porque llevaba siglos de esperar esos ojos sobre mi vestido de recortes coloridos. Porque ya no tiene caso ni hace falta. Porque te conozco mejor de lo que pensas. Y hasta me he reído - perdoná, me he reído de vos-
Te lo cuento todo mientras me lavo el cabello. Mientras sonrío de puro tonta porque ahora sí: me gusta que el viento me golpee la cara con sus manotazos tiernos. Me gusta salir de un bar después de horas y que la calle me grite desde el silencio. Me gustan las manos de dedos largos, blancas, suaves, húmedas manos. Me gusta contarle por teléfono a la fuente que si te vi no me acuerdo. Y poder escaparme para pasar la mañana en casa lavando ropa, limpiando el piso, escuchando canciones: salir al patio a ratos a cortar un higo amargo. Venir adentro. Escuchar el agua que hierve en el caldero que no se apaga. Ves? Puedo hacer listas largas de cosas que me gustan: la venganza sabe amarga, como el chocolate negro.
Camino un poco: de afuera hacia adentro. Me detengo en el centro del salón. Me miro al espejo. Abro mucho los ojos. Me encanta leer capítulos del Quijote a hurtadillas. Que no nos encontremos en las barras. Las flores del mercado. El aroma del arroz jazmín. El sonido sordo de las pisadas del gato sobre las latas de techo. El lirio que crece en la esquina del patio. Las batidas con hojas de hierbabuena. Esperar por meses una sensación particular que puede estar a la vuelta de cualquier esquina. Un hombro para recostar la cabeza en el cine... Me gustan las cerezas muy maduras. Las bancas de madera. Las canciones de Cat Power. Los hombres que no me tienen miedo. Las comidas al vapor. Las manifestaciones pacíficas. Las discusiones inteligentes. Los críos. La mermelada de membrillo. Escribir. Cantar en el baño. Las visitas que limpian y no fuman dentro del piso. La gente que regala vino. La gente que regala flores. Los chicos de mirada triste que leen libros de filosofía en el autobús. Las matemáticas. El café negro. Darme regalos. Ir al aeropuerto a esperar a gente que adoro. Extrañar a los que se van. Comprar condimentos indios. Adivinar cuál es el color favorito de alguien que se me cruza en la calle. Abrir una naranja y sentir el golpe de su aroma en la cara. No mentirme cuando estoy feliz.
La venganza se come fría, y es amarga como la flor de azahar. Se disfruta con paciencia, con sonrisa. Se come en una tarde tibia en que decidís quedarte en casa porque no te apetece salir. Y se puede acompañar con un poco de dulce de leche. Con pastel de chocolate, con frambuesas en almíbar - que no sepa tan amarga- o con I-tim kati, y de este último te comparto la receta, que podré ser rencorosa y vengativa, pero nunca egoísta...

I-tim kati (para que acompañes tus venganzas pequeñas).

Regustosamente. Pecaminosamente. Sonriendo sin fin. Recordar que la cocina es un lugar en el que se preparan los remedios para toda enfermedad: recordar que es solo cuestión de cerrar los ojos y murmurar conjuras. Y de reirte por dentro. Y de hacerlo todo con la misma parsimonia con la que te manejas en el laboratorio de química.

Necesitas para el I-tim kati (y te lo espeto todo, para que no digas que de entrada no habíamos hablado de tal o cual ingrediente que no pudiste conseguir):

425 gr de crema de coco.
1 y 1/2 taza de crema de leche (crema dulce, crema de montar...)
2 huevos enteros más 2 yemas extra
1/2 taza de azúcar de repostería
1/4 de cdita. de sal
1 vaina de vainilla
1 ramita de hierbabuena
1/2 taza de lonjas de coco tostado

Y decí a juntar las cremas en una cacerola y calentar a fuego medio por 2 ó 3 minutos. Pasado este lapso, retirá la cacerola del fuego -pero mantené tibia la mezcla, que no enfríe-
Necesitas un cuenco de cristal a prueba de calor: allí has de colocar los huevos, las yemas extra, el azúcar, la sal. Abrís al medio la vaina de vainilla, raspás con el borde del cuchillo, agregas esa pasta casi negra al cuenco, desechás la vaina... no es difícil, ves?
Mezclalo todo con una batidora de mano hasta que espese. Listo? Ahora hay que llevar ese cuenco a baño maría y seguir batiendo mientras gradualmente le agregás cuartos de taza de la tal crema aquella que debías mantener tibia... Incorporás e incorporás hasta mezclarlo todo, batiendo hasta que espese sin parar. Cómo sabés que ya está? Truco de la abuelita: si la mezcla cubre sin deslizarse ni hacer regueros el lomo de una cuchara, es que ya. Si no, a seguirle dando...
Esta mezcla ha de cubrirse para dejarla enfriar. Y mientras se enfría habría que revolverla de vez en cuando. Una vez fría, la pasas a un molde de aluminio, la cubrís con plástico y va al congelador. Horas y horas. Y la sacás 15 minutos antes de servir para que recupere la textura cremosa. El resto de los ingredientes? Para decorar, of course...
La ventaja de comerse fría la venganza es que te podés tomar el tiempo para preparar el I-tim kati...



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DeSaFoRaDo PoR furia at 12:28 PM | Permalink |
Saturday, February 24, 2007
Ille mi par esse deo videtur
Cayo Valerio Catulo

A Cecilia le flaquean las piernas mientras hierve el agua: una gota de aceite produce una nota quasi imperceptible pero tierna y seca. No hay duda de lo buenas que son las pastas frescas... piensa mientras en una silla del comedor un hombre mucho menor que ella, claro como un rayo de sol, sonrisa caústica y ojos que bajan la mirada a cada tanto intenta encontrar un lugar tan silencioso como oscuro para esconder sus manos de dedos largos.
Cecilia se acerca a la ventana de la cocina y le ve: le ve mientras corta los tomates en cubos, mientras pregunta en vos alta si hay algo que no nos guste comer... y él - que aún no encuentra sitio en el mundo para esas manos - responde con el más inocente de los acentos que lo único que no puede comer es cebolla cruda... entonces ella piensa que eso con seguridad se debe a que él nunca probó una ensalada de chalotes, y sonríe por lo bajo mientras le cuenta que bueno, que lo que prepara no lleva cebollas ni crudas ni cocidas y que espera que le encante el ajo dorado en aceite... Al ajo dorado en aceite le agrega los cubos de tomate y sube el fuego para calentarlos sin que se cocinen, una pizca de sal y otra de azúcar, pimienta negra, más aceite. Al final agrega las aceitunas negras, el tagliatelle, la albahaca fresca recortada con los dedos en pequeños trozos... la comida se toca con manos como las que él no sabe en dónde poner y ella desearía que estuvieran revolviendo junto a las suyas las pastas que de calientitas queman, o que las colocara despacio en su cintura...
Los platos liberan el humo mágico, Cecilia deja caer un poco de aceite murmurando aquello de la diosa del caldero, ralla despacito en dos trozos de queso: uno de búfala y otro de tiempo. Uno fresco para quien no quiere invadir la química de los sabores; otro seco para las bocas ávidas de calor de verano.
Y mientras se acompañan sin palabras a la hora de la cena, parecen darse cuenta de que realmente existen pocas cosas que importan...

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DeSaFoRaDo PoR furia at 4:39 PM | Permalink |
Tuesday, February 20, 2007
The same black line...
A ver si no entendemos: a vos te duele. A mí me duele...
Si 2+2=5 (para algunos valores extremadamente altos de 2, of course...), pudimos habernos ahorrado toda la tragedia, ¿o no?
Te sigue doliendo. A mí me duele de vez en cuando... Pero ahora no necesitamos decirnos nada porque ya ¿qué importa?
Es naturaleza pura y dura: estás ahí, lo tenés todo, vas la mar de feliz... Te retorcés en tu propia alegría, te duele la panza de reir... Pero la felicidad estorba: estorba conocer exactamente a esa persona que no estabas esperando. Aterra verla venir, rondar su espalda, tocar su pelo... Salís corriendo.
En el camino dejás los zapatos perdidos en el agua, te rompés las plantas de los pies contra las rocas de la orilla. Desde la orilla -empapado en llanto, en agua, en sudor- mirás el barco que se hunde y no te atrevés a regresar.
No te atrevés a regresar y das media vuelta, te vas corriendo y no mirás atrás. Quien queda en el agua también llora: patalea, grita, no puede moverse. Con suerte se ahoga, pero de ese ahogo no se muere nadie. Es un ahogo suave, lento, tormentoso, que se acaba cuando lográs tragarte el agua toda, y cuando ya nada importa, te levantás del piso empapado, sacudís las alas y te tendés al sol a esperar que llegue la hora del vuelo.
The same black line that was drawn on you, was drawn on me

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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:52 AM | Permalink |
Thursday, February 15, 2007
Hay días en los que...
... simplemente no salen las palabras. Entonces cierro la puerta tras de mí. Me coloco del otro lado de los cristales de colores. Enciendo el fuego. No soy más yo. Hiervo el agua. Y comienza el deseo...

Bocadillos de pescado. Aderezo de pepino.

Soy la diosa del caldero, repítase lentamente mientras pesa el pescado en la balanza. Pescado blanco, sin espinas: medio kilo.

Al lado, cuente las especias en pequeños cantos de madera: 3 cucharadas de pasta de curry rojo (hecho en casa). 2 cucharadas de hojas de culantro fresco, picadas (solo las hojas, lo demás no sirve para este plato). 1 cucharada de hojas de albahaca fresca. 2 hojas de lima de kaffir cortadas en hebras. 3 onzas de vainicas cortadas finas. Al lado, una clara y una taza de aceite.

Si le provoca, cante mientras muele el pescado junto al curry, el culantro, la albahaca y la clara: Soy la diosa del caldero. Muela y muela hasta formar una pasta espesa. Coloque la pasta en un cuenco y mézclela con las vainicas y las hojas de lima. Cubra la pasta y refrigérela. Una hora.

Mientras pasa la hora, cante y prepare: saque las semillas a un pepino y córtelo en pequeños cubos (con cáscara). Pique finamente un pequeño chile rojo. Colóquelos en un cuenco. Agregue 1 cucharada de azúcar blanco, 3 cucharadas de vinagre de arroz, 1 cucharada de agua, 1 cucharada de maní picado. Mezcle todo despacio, y guárdelo en la nevera.

Mientras reposa la pasta de pescado en la nevera, cante y coloque litro y medio de caldo de pollo en una cacerola.

Sopa de kumara con chile.

Una cacerola con litro y medio de caldo de pollo. 3 tallos machacados de hierba limón. 3 chiles rojos frescos en mitades. 10 tajadas de galanga fresca (si no hay galanga, use jengibre fresco.) 6 raíces frescas, muy limpias, de culantro. Todo junto en la cacerola llevado a fuego medio. El kumara (camote anaranjado) se corta en cubos y se agrega a la cacerola al primer hervor. A fuego lento, sin tapa, hierve hasta quedar tierno. Cuando esté tierno el kumara, saque de la cacerola la hierba limón, la galanga y las raíces de culantro. Aguarde a que la sopa esté tibia y llévela a la licuadora. Licue hasta lograr que la textura de la sopa sea lisa. Paciencia, mucha paciencia. En una cacerola limpia – soy la diosa del caldero- mezcle lentamente la sopa con media taza de crema de coco y una cucharada de nam pla: admire el nuevo color del kumara. Llévela a fuego medio hasta que esté caliente y agregue 2 partes de las hojas de las seis plantas que dieron las raíces de culantro. Alquimia.

¿Ya pasó una hora? Vaya a la nevera y saque la pasta de pescado. Unte de aceite sus manos y vaya tomando pequeñas bolitas de la pasta. Deles forma de torta. No importa servirlas frías, pero son más buenas calientes. Vuelva a ponerlas en la nevera hasta que llegue la hora de freírlas.

Todo se prepara junto, todo al mismo tiempo: los olores y los karmas de las frutas se mezclan con los de las carnes y las verduras.

Ensalada de papaya y camarones.

Separe en cuencos los ingredientes de la ensalada. La cocina es un mundo: 2 cucharaditas de aceite. 2 cucharaditas de sambal oelek. 2 tallos finos de hierba limón picados. 2 cucharadas de ralladura (gruesa) de jengibre fresco. 500 gramos de camarones limpios, crudos. Media col china cortada en juliana. 4 chalotes dorados picados finamente. 1 papaya pelada y cortada en tajadas. 2 onzas de hojas de berro. 2 onzas de maní picado. 2 cucharadas de nam pla. 1 onza de hojas de culantro fresco.

Yo soy la diosa del caldero... Caliente el aceite a fuego fuerte en una sartén. Agregue el sambal oelek, la hierba limón y el jengibre. Salteé todo por 1 minuto e incorpore los camarones. Cocínelos poco, solo hasta que cambien de color. Luego reservelos para que enfríen.

Si ya está lista para servir, si ya vienen los invitados, apresúrese a preparar lo que falta:

¿cocinó el arroz jazmín? se lava primero hasta que el agua sale clara. 1 y 1/2 tazas de arroz. 3 tazas de agua. Apresúrese: lleve el agua al fuego y al primer hervor vierta el arroz lavado y una gota de aceite. Tápelo. Cocine a fuego medio por 15 minutos. Sin mover.

No puede falta la carne, nunca debe faltar la carne... Si es usted vegetariana, le decimos: es una pena... El curry puede hacerse con verdura, se puede, pero permítanos decirle: no es lo mismo.
No pare de cantar mientras prepara el Curry Panang: yo soy la diosa del caldero...

2 libras de carne (de res, pollo o cerdo), 1 y 1/2 tazas de leche de coco, 8 onzas de pasta de curry panang (siempre es mejor si lo hace en casa), 2 cucharadas rasas de de nam pla; 2 cucharadas rasas de hojas de lima kaffir picadas; 1/2 taza de hojas de albahaca; 2 cucharadas rasas de azúcar.

Corte la carne en cubos pequeños, póngala a freír en una sartén ancha, no la cocine del todo, luego sáquela y reserve... siga cantando, no pare...

A fuego medio lleve al hervos 4 cucharadas de leche de coco, agregue 3 cucharadas de pasta de curry, agregue la carne a esta mezcla y revuelva hasta que la carne esté cocida del todo. Agregue la mitad de la leche de coco restante, el nam pla y el azúcar. Mezcle, siempre mezcle, y no pare de cantar. Agregue el resto de la leche de coco, y cuando espese deje caer suavemente, como en una brisa de verano caliente, las hojas de lima y la albahaca... Pruebe, pruebe a ver si ya está, puede que aún necesite azúcar, o nam pla... depende de usted y su gusto, no pare de cantar

Imaginamos que ya puso a freír las tortas de pescado que tenía en la nevera, ¿no es verdad? Cuando cocine usted thai, debe preparar la mente para hacer todo a la vez, en un rompecabezas, sin olvidar nada: mientras fríe, monte la ensalada, primero las hojas, después la papaya, encima los camarones. Que quede guapa, nada cuesta, ya el olor encanta.

El arroz se sirve al centro de la mesa, es el plato principal, lo demás solo acompaña. Sirva en el orden usual, entrada caliente (no vaya usted a olvidar el aderezo de pepino que guardó en la nevera), ensalada, sopa, carne. Que no falte arroz, que no falte... notará cómo le entran ganas de beber algo frío y claro, que el sabor es picante; notará cómo todos los sabores se juntan suavemente en su boca y combinan perfectamente con una noche de verano. Notará silencio, y ganas de más, notará la conjura de la diosa del caldero en los movimientos ávidos de todas las manos...

Que aproveche, entonces...





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DeSaFoRaDo PoR furia at 11:41 AM | Permalink |
Friday, February 09, 2007
La Segunda Traición de mamá. Y la tercera (Retazos)
Es irremediable no llorar cuando tus viejos se mudan. Tenés 14 años de vivir en otra parte, en otra ciudad, con otra gente... A tus viejos los ves por ahí un fin de semana, o se juntan para las fiestas con la familia entera, o cosas por el estilo.
Llegás y todo sigue lo mismo: si traes a algún amigo, tu madre lo sienta en el salón con una taza de café y empieza a avergonzarte sacando álbumes tremendamente viejos en los que hay cien fotos tuyas que odiás y desearías quemar en el patio: "ésta" (de vos en pelotas) "la hicimos cuando la nena salió del hospital, es de su primer baño en casa" : ahí estás vos tan horrible cual eras, un crío color rojo camarón, con una barriga de proporciones descomunales, brazos y piernas espantosamente largos y escuálidos, el chochito hinchado casi del tamaño de tu rostro, los ojos bizcos, la nariz gigante y una espesa capa de pelos parados y negros en la cabecilla. Tu amigo te mira aguantándose la risa y dice con sorna "pero qué niña tan linda..." Vos querés patearle la cara y acabar con la tortura, pero tus fotos se suceden entre historias de cuando te fueron a recoger al kínder porque te measte en los calzones, del primer pelito que te salió en el coño, de la vez que tu vieja te cachó en su cuarto cubierta hasta las patas de su maquillaje, de tus frenillos, de tu primer novio, de tu primera menstruación... "Pará, mamá..." y ella nada que para... En esas ocasiones recordás por qué te fuiste de casa, por qué de tus 15 novios tus padres solo conocieron a aquellos con los que has compartido piso, por qué, por qué, por qué a vos, coño???
En fin, que cada vez que vas camino a casa de los viejos, contando las horas de bicicleta que tendrás que hacer para bajar los tres kilos de pescado frito, garbanzos con cerdo, tortillas de maíz, pastel de yuca, sopa de albóndigas, nieve de limón, tres leches, y cuanta otra porquería deliciosa, grasienta y pecaminosa -de esas que cuando tenés el chance hartás hasta caer enferma- se le ocurra a tu madre ponerte enfrente alegando que vas delgaducha, palideja, "no tenés anemia, vos?"
Pero bueno, estábamos en que un buen día los viejos deciden que la casa les queda gigantesca y quieren que te llevés -PORQUE SON TUYAS- todas las fotos que cuelgan de sus paredes: el retablo espantoso de tus seis caritas (a los seis meses): risa con un chilindrín, susto con una máscara, llanto con un pellizco en la pierna... El retablo gigantesco a blanco y negro de vos haciendo topless al año y medio. La foto horrible de vos en tu primer día de maternal. La más horrible foto de vos en falda de paletones y peinado de salón con tu título de sexto de primaria en la mano. La foto horripilante de tu graduación de secundaria...
Tenés que llevarte las fotos -PORQUE SON TUYAS- y ojalá colgarlas en las paredes de tu piso, para que tus amigos te vean en tus peores momentos y se rían de gratis...
Y tenés que sacar un finde entero para ir a terminar de desocupar tu habitación de adolescente, entrar en ese armario en el que quedan cajas de tonterías que después de mil años vas a tirar: tu póster de Michael Jordan, el calendario 92 de Nirvana, tu colección de revistas estúpidas que habías olvidado, muñecos de peluche de cuando tenías cinco años, un billete de 500, de los morados, que guardaste tan bien que se te olvidó en dónde putas lo habías puesto; tu taza para café de los Caballeros del Zodiaco, el SEGA, tus cassettes de Guns´n Roses, tus cuadernos de tercero de media, uf! tu vida en cuentas de collar roto que se desparraman por el piso... Una cajilla de lata con las fotos de tus excompañeras de segundo de primaria, el escudo de tu escuela, una flor seca, cartas de tu novio el que vivía fuera de la ciudad... Seguís revolcando hacia adentro de ese desastre de polvo, telarañas y recuerdos, y se te va devolviendo de a poco una vida entera que habías ido dejando en los rincones. Y cada vez te parece más raro que esa misma gente con cara de torta de tus fotos ahora te llama para invitarte a su boda, o que algunos se han muerto; y te sorprendés tres horas después jugando damas chinas con tu hermano que vino a hacer lo suyo a su habitación...
Pero el sumum es encontrar tu pijama de maya-maya la abejita: se te salen las lágrimas, todas las lágrimas, de golpe se te viene a la cabeza la canción a la que le hiciste mil versiones, te revolcás de emoción, llamás a tu vieja para que mire lo que encontraste... y ella te confiesa que había escondido a maya-maya hace setencientos años para aquel paseo que hiciste a casa de tu tío pudiente en Panamá... que la escondió porque le daba vergüenza que la llevaras así de vieja y roñosa, y que aunque lloraste y pataleaste -ahora lo estás recordando todo- ella se olvidó de la pijama cuando vos regresaste ya más repuesta del viaje... (...) y así la maya-maya blanca con huequito en la pierna y dibujo desteñido en el pecho se pasó el resto de tu vida en el fondo del armario entre polvo y porquería y esta noche te acostás a dormir resentidísima a muerte con la borde de tu mamá - sin que la salven del paredón ni sus deliciosos ñoquis en salsa de eneldo- y mañana te irás a tu casa a llorar por tu habitación perdida en la casa que ya no es más de tus viejos pero siempre será la casa de tu infancia, a esconder bajo la cama todos los espantosos retablos de la vergüenza; a sentar a Yissy, tu muñeca de trapo sobre la nevera, y a intentar meterte dentro de tu pijama viejo mientras te mentís que después de este reencuentro con la mocosa linda que fuiste hace ciento y mil años, ahora vas a ser una mejor persona... Nada que no se arregle con un whisky y una noche entera leyendo tus diarios de adolescente cachonda mientras repasas tus viejas cintas de Guns a ver si todavía suenan...


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DeSaFoRaDo PoR furia at 9:23 AM | Permalink |
Thursday, February 08, 2007
Sign In
Hoy es mi cumpleaños... Y recibí flores


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DeSaFoRaDo PoR furia at 12:09 PM | Permalink |
Tuesday, February 06, 2007
Si no, no eran...
“(...) los grandes amores, siempre que se van para siempre, dicen cosas hediondamente prácticas (...)”

Bryce Echenique
No me esperen en abril
pág. 476


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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:37 AM | Permalink |
Friday, February 02, 2007
( )
Me besó en la boca
Hace mil años
Y sigo pensando en ella
Besaba mejor que su amigo
Ayer la vi de nuevo
Después de siglos
Llevaba una blusa gris y liviana
Tenía los ojos delineados de negro Negro Negro
Tenía los labios brillantes de gloss
Aún ahora Mientras saco sus labios de mis recuerdos Siento un escalofrío en la piel
Llevaba las manos en los bolsillos de su jeans
Su jeans desgastado sobre las zapatillas
Los pies que apenas tocaban el piso Porque ella vuela
La vi acercarse y recordé el aroma de su aliento dulce
Y cuando pasó a mi lado De la mano de él
Sentí una bofetada de su cuerpo tibio maltratándome las ganas

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DeSaFoRaDo PoR furia at 3:55 PM | Permalink |