Tuesday, March 27, 2007
Caer en la Tentación

Furia es manifiestamente miedosa. Y escribe en tercera persona porque el ego se lo permite. Le tiene miedo a varias cosas, a muchas cosas. La lista es larguísima, y ella a veces se sienta a pensar en cuáles son las que realmente la hacen perder el estribo: los bichos alados que pesan más de 20 gramos. Los lugares oscuros. La entrada a las fiestas en las que no conoce a nadie –y a las que se le olvida llevar los anteojos para verte mejor-. Los escenarios de auditorio (porque ahí la gente sí va a escucharla a una cantar). La aterra no poder manejar con eficacia el lenguaje género-inclusivo en una reunión con feministas. Y los poetas callejeros que se acercan como quien no quiere la cosa a mostrarle su libro. Y los exámenes de latín –que por mucho que le guste el latín, las pruebas le hacen sudar las manos-.

Y ha habido algunos cambios: de unos días para acá, que antes no era así para nada, la aterra la idea de enamorarse. Se enamora con un miedo espantoso que la hace hablar más de la cuenta. Y verse las manos todo el tiempo. Y no poder mirar a los ojos. Y sentirse triste cuando no la llama (con un temor atroz de que no la llame porque no la quiere ver), como una chiquita de catorce años. Seguro por eso la aterra enamorarse... porque se está volviendo a enamorar como antes, con una energía de crío intrépido que no le teme absolutamente a nada. De esos críos que ven la pendiente y sin pensarlo se sientan sobre el cartón y se dejan ir... El horror a ser poseída por el autismo amoroso ha convertido a Furia en una suerte de autómata descorazonada...

Pero hablábamos de miedos, no de amor. Furia le teme a los sueños en los que un precipicio enorme la separa del sitio al que desea llegar. Por eso se ha ejercitado en el trabajo del orionauta: saca sus alas y vuela de un lado a otro hasta que recuerda que eso NO es normal. Sus primas, las otras furias, sí que volaban de aquí para allá persiguiendo al miserable Orestes. Pero Furia es más humana cada día. Y eso la hace vulnerable.

Le tiene un miedo incontrolable al café de maquinita. A las puertas automáticas. Al metro de París. A las abuelas catalanas de sombrilla larga. A los maestros de música. A los hornos que no asan bien el pan. Al fondo del mar. Al debajo de la cama... Por alguna curiosa razón ya no le teme al monstruo del armario, y últimamente puede caminar a ojos cerrados por el borde de las aceras...

Le teme a los puntos velares, a los poemas de Borges, a las barras bravas de los equipos nórdicos, a las temperas, a los covers malos –y sobre todo a los que son en inglés- de canciones brasileñas.

Y por sobre todas las cosas, Furia le teme al silencio. No al silencio tranquilo de un parque o de la habitación en la que duerme: le teme al silencio de las iglesias, al silencio de la ignorancia y al silencio obediente. Por eso habla tanto Furia, ahora que lo piensa...

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Saturday, March 24, 2007
RealiSmo MágiCo

Mamá tiene dos hermanas: tía Ivi y tía Ceci. Cuando pienso en ellas escucho el sonido de las teclas de Chan Marshall, no sé por qué.

Hace meses que la Guga nos ha dejado. Ya muchos. Y a todas nos duele como el primer día: con dolor que es saudade y alegría, dolor extraño que carcome la voz y amarga un poquitín la garganta.

Éramos cinco mujeres, si se piensa bien; con Guga nos llevábamos muy bien y nos quería en la lista de las hijas. Guga, mamá, tía Ivi, tía Ceci y yo: la legión del mal.

De fijo fue a ellas que les saqué la bruja que llevo dentro. Porque con todo y que van a misa el domingo, y son creyentes, y se confiesan... con todo y todo viven unas vidas muy suyas, muy caldero y aquí mando yo. Y bueno... de alguna parte debí salir como salí. De alguna parte.

Con Guga siempre nos juntábamos a cocinar. Y ahora, sin Guga, la cosa sigue igual cada vez que se puede –me retumban en la cabeza las teclas de Chan Marshall, y no sé por qué-. El horno de ladrillo es la octava maravilla del mundo, de la que con ciencia y paciencia salen novenas y décimas maravillas del mundo: el horno se llena por dentro de leña. Se enciende, se cierra, y se deja calentar... La madera sucumbe al poder del fuego y se quiebra en tizones rojos y azules. Allí, en medio de ese caos se cuece el pan. Y las pechugas... De acuerdo, les voy a liberar una receta de familia, para que si alguna vez les pasa que un horno de ladrillo se atraviesa –igloo de fuego- en su camino, sepan aprovechar bondades e inventar maravillas.

Las pechugas se frotan con una mezcla que hasta deja las manos suaves: aceite, sal, miel y pimienta negra. Se frotan de la misma forma en que las lavanderas sacan mugre de la ropa en las piedras de la orilla. Se pinchan con mondadientes y se frotan. Se las coloca en un cuenco grande, en el que quepan todas.

Afuera, en la pileta, se prepara el jugo de naranjas: muchas naranjas dulces. Una naranja agria (que es la más importante de todas, no la olvide). Dos limones ácidos. Una rama seca de orégano. Dos cabezas de ajo trituradas. Tres cebollas rojas picadas en cubos. Más sal. Más pimienta. El jugo se mezcla con las pechugas en el cuenco. Usted cubre el cuenco con un paño. Si en su pueblo hace frío, las puede marinar afuera. Si hace calor, mejor llévelas a la nevera, no vaya a ser que se estropeen. Dato más que importante: toda esta parte se realiza el día antes y por la mañana, esas pechugas deben marinar al menos quince horas, si no, mejor no haga nada...

Día dos por la mañana, se enciende el horno de ladrillo. Cuando el calor está a punto... ¿cómo ñoñas saber cuándo está a punto el calor? Créame, usted va a saberlo, es más una cuestión de sentido común... En fin, que las pechugas se colocan en bandejas de aluminio, con todo el jugo encima, y se llevan al fuego hasta que ya usted no aguante la tentación. A esto jugamos en casa... Se sirve con puré de patatas (receta más que privada) y con ensalada de tomates frescos y albahaca. Listo.

Murió Guga hace meses, y nos hemos quedado con las manos en la masa... Por unos días todo quiso salir mal, no cortaba el soufflé, no se hinchaba el pan, no suavizaba el maíz. Fue como si nos dejara con las manos atadas a la espalda. En serio. La masa de navidad estuvo a punto de echarse a perder. Los tamales quedaron buenos, pero no iguales... El pastel estaba un poco ácido. La fritura no quiso tostar... Han sido días raros desde que se fue Guga. Ya pasó un año nuevo sin pan de maíz –no hubo quien se atreviera a darle el punto a la pasta-. Ha sido extraño.

Tía Ceci ha venido de visita a mi casa esta semana. Trajo empanadas de chiverre (primera práctica antes de sardina santa). El chiverre estaba grande y gordo, como el conejito del cuento. Ella lo puso a dorar para sacar la cáscara. Y me llamó temprano para pedirme un rollo de hojas de la higuera. Se las envié con uno de los tíos para que llegaran frescas. Y lo hizo todo como se tenía que hacer... Pero el chiverre de mierda no dejaba de soltar agua. La llamé a ver cómo le iba yendo, que la miel se necesita para un montón de comidas. La tía estaba llorando. Le pregunté qué pasaba... Que el chiverre no dejaba de soltar agua. Y yo le di fuego y fuego como la loca, toda la mañana, flaca, no tenés idea... y nada que secaba. Y yo pensaba por dentro “ay Guguita, tanto que te vi hacer esa condenada miel todos los años y no puedo acordarme qué es lo que falta... ” y en eso escucho a mamita que me dice al oído “la cal, negra, se te olvidó la cal...” Y me vuelvo a mirar y no hay nadie... me ataqué a llorar, flaca, y cuánto... Le puse la cal al chiverre y ¡ ya está! Se secó de una vez el condenado...

Y todo esto me contaba la Ceci mientras yo me limpiaba los ojos... Guga se nos fue hace meses y ahora vienen los “primer todo sin Guga” que nos van a matar: primer cumple del tío Maco sin pozol de Guga. Primer aniversario del abuelo sin pastel de naranja de Guga... Primer lo que sea sin algo de Guga... Ahí vamos inventando, y revisando los libros de recetas que por años me senté a escribir mientras la miraba al lado del caldero: un puño de esto, una pizca de aquello, un chorro de aquí, un poco de allá... recetas sin medidas ni pesos, como se las paso siempre a usted. Porque la Guga nos enseñó a cocinar con ciencia y paciencia, y para los resultados que se esperan de esos experimentos no hay receta que valga...

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Wednesday, March 21, 2007
eGo
En estos días voy intentando vencer la tentación de ponerme autobiográfica...

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DeSaFoRaDo PoR furia at 9:40 PM | Permalink |
Sunday, March 18, 2007
Telarañas V. чудо y adios

Joder... te me has atascado otra vez en el pecho: estaba escuchando aquella canción y bueno... resulta que volví a sentir la tarde. La tarde con vos yo la sentía diferente... estaba comenzando la temporada de lluvias –recuerdo- comenzaban las lluvias y había como un olor a tierra mojada entrando por la ventana. Y vos estabas acá acostado en mi cama... Y olía a lluvia y a tierra y a vos y a mí y a todo junto. Eso...

Tenías unas manazas grandes, me sostenías el culo con ellas, nos matábamos de risa. Eso recuerdo. Dabas unos besos raros, húmedos y tiernos con esa boca pequeñita... creo que era pequeñita... y ese CD de Joni Mitchell me cayó a las manos por la época en la que comenzaste a tomarme las manos en la calle. Cómo te quería entonces! Cuánto costó que dejara de quererte...

Me habías regalado una vida que yo no conocía, me contaste mil cuentos, hacíamos el amor a cualquier hora... Siempre Joni Mitchell en el soundtrack... Adoraba dormir en tu cama... Como hoy, que llueve y no estás. Y hace un siglo que no sé de vos... Me dejabas en la esquina con un ramo de flores en la mano. Yo corría a casa a preparar la clase de la tarde, a resumir la traducción, a leer los libros que dejaba olvidados cuando sonaba el teléfono y eras vos...

Nunca fue naïve aquel amor que te tuve... yo iba muerta de miedo porque en el camino hacia vos se me había roto el fondo del saco y mil cosas quedaron desperdigadas... I coul drink a case of you, darling; and I would still be on my feet me escapaba de la oficina a cualquier hora para verte, me sentía de 15... pero eso no era naïve, eso era yo descubriendo la mágica sensación de gota de agua que te moja entera... llegaba a casa empapada de vos, con tu olor metido en la nariz hasta allá adentro.

Tenías las piernas más lindas del mundo, y la espalda amplia, y los dedos largos... tenías el cabello alborotado, el cuello fuerte, esa cabeza pequeña. Y los ojos más divertidos del mundo, que eso nunca te lo dije: ojos como de perro labrador, como de bueno. Escucho a Joni Mitchell y puedo sentir: puedo sentir la temperatura que tu cuerpo le regalaba al mío... Me acuerdo perfectamente de todo eso... era una delicia recostarme en tu cama después de la comida. Escuchar la lluvia caer mientras me iba quedando dormida entre tus brazos. Que lentamente comenzaras a jugar con mi ropa y me empaparas el cuerpo de vos... Me acuerdo.

Fue muy difícil sacarme del alma todo aquello. Yo te estaba queriendo con todas las fuerzas cuando te fuiste. Te odié y te odié y deseé que te mataras. Que no existieras. Que alguna vez lloraras por mí... Solo porque te estaba queriendo como nunca nadie a nadie... No más por eso. Ahora cierro los ojos y solo recuerdo los aromas. Y sonrío y es como que ya no duele, pero no deja de querer doler: juego a tantear hasta donde aguanto, a estirar la piel para ver si ya la cicatriz está cerrada. Cierro los ojos y te recuerdo mientras la escucho cantar a ella y pienso en vos como quien piensa en aquella vista al mar que era la mejor del mundo. De repente hasta huele a vos. Y sonrío otra vez, porque ya no duele. Y te cuento nomás para que sepas...

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DeSaFoRaDo PoR furia at 12:51 AM | Permalink |
Tuesday, March 13, 2007
Ensayo Sobre la Histeria II
Resulta que no... te sentás la tarde entera a especular sobre esas palabras: las tomas de la mano, ingenua, ingenuo... las tomas de la mano como le pondrías correa a un gato para sacarlo a pasear. Como si el gato fuera a dejarse amarrar, y si lo hiciera ¿no estaría poniéndote la correa a vos para lucirte ante sus amigos gatos que pasean por la calle? En fin, que esas mismas palabras que intentás aprehender de una forma u otra, esas palabras sordas, que quién sabe cómo se escaparon de la mano o la boca, son palabras que no tienen nada qué ver con vos. No dicen tu nombre. Al igual que estas, coño, al igual que estas que tampoco te escribo...
Logro recordar sensaciones, logro recordar la temperatura de tu aliento. Logro recordar la textura de tu pelo... pero no recuerdo tu olor. Ni las notas con las que movías mis cuerdas. Eso solo puede significar que ya se cerró la puerta y quedaste afuera. ¿O no? ¿Pero cómo podrías responderme si no sabés para quién son las preguntas? ¿Cómo podrías saber si te estoy hablando a vos?
Tomás de la mano mis palabras: puedo verte. Las tomás para sacarlas de paseo. Ellas, quietas, dóciles, locas, podrían dejarse atrapar por esas manos tuyas que según recuerdo eran blancas o morenas; tal vez de dedos largos, o cortos; húmedas como la arena de la orilla o resecas como la corteza de un árbol.
¿Te acordarás vos de mí?, pregunto... Me sorprendo preguntando en elipsis la pregunta que me pregunto si vos te haces.
Es tarde. Después de tanto malgastar el hilo de conversaciones que dejamos pendientes, el hilo va tan delgado que casi se revienta. Yo ahora mismo pienso en la ropa de mañana para la reunión de la tarde. Y en la molestia de esa falta - o tal vez ese exceso- de palabras tuyas.
Para no agrandarte el cuento, te escucho hablando para mí en cada palabra que decís. Tramposa de mi cabeza. Y cuando no llamas - ¿acaso llamas?- me siento desolada hasta el tuétano. Y cuando llamas - no sos vos quien llama- siento ganas de borrarte de la constelación que tengo frente a la cabeza. Y deseo tus palabras. Y aborrezco tus palabras. Y al final nos topamos en la calle vestidos de indiferencia malograda, paseados de la mano por palabras que como gatos nos lucen: yo ante vos; vos ante mí, pero ¿qué haría si se acaban tus palabras?, ¿qué harías si se acaban mis palabras?

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DeSaFoRaDo PoR furia at 9:06 PM | Permalink |
Saturday, March 10, 2007
Simplesmente
Amig@s, he de decir que ερωτεύτηκα...
Y llevo varios días sonriendo.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 8:46 PM | Permalink |
Thursday, March 08, 2007
Exuro, exuro
Ha probado el Garam Masala?
Se toma usted de la mano con ese hombre: tiene que ser tanto más alto, delgado y tímido que usted. Y si puede, si él quiere, si se deja, llévelo con usted hasta su cocina y pídale que pese las especias.
El Garam Masala se prepara con cuidado, si utiliza mucho de esto o más de aquello, puede que salga amargo, o muy dulce o muy ácido...
En una esquina del patio abra un hoyo no muy profundo. En el hoyo deje caer varias astillas gordas de leña. A la leña dele fuego. Sobre el fuego coloque una piedra lisa. Y ya está, váyase adentro...
Separe con cuidado 20 gramos de pimienta negra en grano. 10 gramos de clavo de olor. 20 gramos de astillas de canela. 15 gramos de cardamomo. 10 gramos de semillas de comino. 10 gramos de hojas de laurel y 5 gramos de semillas de culantro.
Salga: deje caer unas gotas de agua sobre la piedra. Ya está caliente? Pídale que traiga las semillas y colóquelas con cuidado en el calor. Mézclelas despacio: que nada se caiga, nada. Pídale que cuide las semillas, no vaya a ser que las tire el viento.
Regrese adentro y ponga agua al fuego. Separe 1/4 de taza de café molido y 2 cucharadas de cocoa amarga. Deje que hierva el agua.
Ya escucha el crujir lento de las semillas? Tienen que quedar tostadas, pero por nada del mundo las deje quemar ni un poco.
Pídale que las mueva despacio sobre la superficie plana de la piedra caliente, y cuidado que nadie se queme. Regrese adentro y mire el hervor del agua: cuando empiece a liberar pequeñas burbujas, deje caer en el caldero la mezcla de café y cocoa. Agregue una cucharada de azúcar caramelizado y un chipotle seco. Revuelva y deje hervir.
Afuera ya debe oler a hierbas densas. Y saldría humo de la piedra: tome un cuenco y lentamente vaya vertiendo las especias con una cuchara de madera. En el mortero, muela lentamente las semillas. Ahora verá para qué se necesitan brazos extra... Muela y muela sin parar, que adentro hierve el café. Muela hasta que todo sea polvo. Pase el mortero de manos, que se siga moliendo siempre, y regrese adentro porque hay que sacar el café del fuego, no se vaya a quemar. Retire el chile.
En una taza de aluminio vierta leche muy fría. Y bátala con el molinillo hasta que haga espumas. Espumas espesas, de las que no se deshacen al segundo.
Vierta el café en las tazas. Agregue un poco de leche, una cucharada de espumas. Traiga el Garam Masala: una pizca en cada taza, todo muy lentamente, que no se queden los olores perdidos en el camino. Que todo llegue junto y en el momento preciso.
Siéntese a escuchar un disco, mejor si es de Miles Davis. Y beba saboreando el ácido del culantro, el escozor del comino, la dulzura de los clavos... Vuelva a tomarle las manos. Afuera el viento tirará las hojas de los árboles. No se mueva, no se entere, es lo pasa siempre cuando se junta especias.

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DeSaFoRaDo PoR furia at 11:14 AM | Permalink |
Sunday, March 04, 2007
Canción para tarde de domingO
"Eu ouvi dizer
Que você assim
Como quem não quer nada
Perguntou por mim
Agora
Logo agora
Justo agora
Eu ouvi você
Me dizer que sim
Mas era silêncio o que se ouvia
Quando dei por mim
Agora
Logo agora
Justo agora
Eu ouvi você
Me dizer que sim
Mas era silêncio o que havia
Quando dei por mim
Agora
Logo agora
Justo agora
Eu ouvi dizer
Que você assim
Como quem não quer nada
Perguntou por mim"

Adriana Calcanhoto

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DeSaFoRaDo PoR furia at 1:31 PM | Permalink |