Tuesday, March 13, 2007
Ensayo Sobre la Histeria II
Resulta que no... te sentás la tarde entera a especular sobre esas palabras: las tomas de la mano, ingenua, ingenuo... las tomas de la mano como le pondrías correa a un gato para sacarlo a pasear. Como si el gato fuera a dejarse amarrar, y si lo hiciera ¿no estaría poniéndote la correa a vos para lucirte ante sus amigos gatos que pasean por la calle? En fin, que esas mismas palabras que intentás aprehender de una forma u otra, esas palabras sordas, que quién sabe cómo se escaparon de la mano o la boca, son palabras que no tienen nada qué ver con vos. No dicen tu nombre. Al igual que estas, coño, al igual que estas que tampoco te escribo...
Logro recordar sensaciones, logro recordar la temperatura de tu aliento. Logro recordar la textura de tu pelo... pero no recuerdo tu olor. Ni las notas con las que movías mis cuerdas. Eso solo puede significar que ya se cerró la puerta y quedaste afuera. ¿O no? ¿Pero cómo podrías responderme si no sabés para quién son las preguntas? ¿Cómo podrías saber si te estoy hablando a vos?
Tomás de la mano mis palabras: puedo verte. Las tomás para sacarlas de paseo. Ellas, quietas, dóciles, locas, podrían dejarse atrapar por esas manos tuyas que según recuerdo eran blancas o morenas; tal vez de dedos largos, o cortos; húmedas como la arena de la orilla o resecas como la corteza de un árbol.
¿Te acordarás vos de mí?, pregunto... Me sorprendo preguntando en elipsis la pregunta que me pregunto si vos te haces.
Es tarde. Después de tanto malgastar el hilo de conversaciones que dejamos pendientes, el hilo va tan delgado que casi se revienta. Yo ahora mismo pienso en la ropa de mañana para la reunión de la tarde. Y en la molestia de esa falta - o tal vez ese exceso- de palabras tuyas.
Para no agrandarte el cuento, te escucho hablando para mí en cada palabra que decís. Tramposa de mi cabeza. Y cuando no llamas - ¿acaso llamas?- me siento desolada hasta el tuétano. Y cuando llamas - no sos vos quien llama- siento ganas de borrarte de la constelación que tengo frente a la cabeza. Y deseo tus palabras. Y aborrezco tus palabras. Y al final nos topamos en la calle vestidos de indiferencia malograda, paseados de la mano por palabras que como gatos nos lucen: yo ante vos; vos ante mí, pero ¿qué haría si se acaban tus palabras?, ¿qué harías si se acaban mis palabras?

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DeSaFoRaDo PoR furia at 9:06 PM | Permalink |